sábado, 11 de enero de 2014

Canal del Panamá: al Este y al Oeste

La primera entrada del 2014 tenía que venir con toda la fuerza y ¿qué mejor que caminar entre los locks del canal del Panamá? Cruzar el lago Gatún, los locks del Colón, cruzar el país por tierra bordeando esas mismas aguas que llevan miles de barcos de una punta del mundo al otro. Es extraño y hasta divertido como para ir del Atlántico al Pacífico, de Colón a Miraflores, uno va de Oeste a Este, aunque el Atlántico quede al Este del Pacífico.


Diez mil personas trabajan en el Canal, pero es un número aún menor de seres autorizados a caminar por el canal. Tuve la gran fortuna de ser una de esas menos de 10 mil personas. Pude caminar justo al lado de las locomotoras, cruzar las compuertas mientras veía como el barco se nivelaba con el agua al otro lado de esa misma compuerta en la que yo estaba parada.





Crystal Serenity llegando a Pedro Miguel.


Gatún.

No dejé de admirar el proceso del canal en ningún momento del día. Ni el calor ni la humedad pudo conmigo, crucé Panamá siguiendo al barco para el que trabajo, observando cada vez como el nivel del agua subía y bajaba por gravedad para que este crucero inmenso pudiera atravesar de Atlántico a Pacífico.

Una experiencia tan increíble que, en lugar de dejarme sin palabras, me llenó de ellas.

domingo, 15 de diciembre de 2013

jueves, 5 de diciembre de 2013

Personas en el corazón: Luquitas

Una vez cada tanto uno tiene la suerte de conocer a una persona que se convertirá en un punto clave de la vida, en uno de esos amigos del alma. Yo he tenido suerte varias veces. He conocido personas de todo el mundo que me han sostenido, me han escuchado llorar, decir malas palabras, me han visto con grandes ojeras, con muchas cervezas y también con sonrisas, con buenas noticias, con disfraces. Afirmo que los he visto en las mismas circunstancias.

Cuento entre ese grupo de amigos a una gran persona de Indonesia y a uno de la India, que me enseñó a presentarme en hindi, aunque no es su idioma oficial. También tengo una gran amiga de Australia con la que tenemos doce horas de diferencia por lo que ella me dice buenos días y yo respondo buenas noches. A los mejores consejos de hermana mayor me los dio una fotógrafa (ex modelo) macedonia. Aunque la lista sigue, tengo que admitir que las personas con las que conecto mejor, con las que se crea una relación de alma, esas son las que, igual que yo, son latinas.

Podría pasarme hojas enteras escribiendo sobre cada una de estas personas que ha hecho mi vida especial, sin embargo, esta es una ocasión especial en la que les quiero contar sobre Luquitas.

A Lucas lo conocí gracias a que otro amigo argentino me dijo que a veces se juntaban en la sala de recreaciones a tomar mate, que si quería ir, que fuera. Así que lo hice y al llegar este muchacho con cara de dormido, campera de nailon y las manos en los bolsillos estaba sentado con el termo y el mate frente a sus ojos semi cerrados. Como por aquella época no tenía mucha vergüenza les dije sin rodeos: "Soy Catalina, vengo a tomar mate". Y luego, tan simple como eso, nos hicimos amigos.

Lucas es, sobre todas las cosas, una gran persona. Muy seguro de sí mismo, él arranca y dale que va, sin mucha vergüenza en la que refugiarse, supo hacerse mala fama. También es un gran cebador de mate y un mejor cocinero. Hace no tanto, además, tuvo su primera aparición en tv, en un programa de cocina y la única razón por la que no consiguió un contrato permanente es porque no me hizo caso: no salió al aire vistiendo sólo el delantal.

Además, también es un excelente fotógrafo, detalle por lo que le tengo un poco de envidia (¿quién puede cocinar tan bien y sacar fotos también?). Y, el día de hoy emprende un nuevo viaje, una nueva aventura. Personalmente, no puedo creer que voy a estar en un barco sin él, sin su novia y sin las empanadas que él cocina. Pero le deseo el mejor de los contratos, como siempre.

Un beso amigo, ya nos volveremos a ver.



Arriba: Thais, Ricardo, yo.
Abajo: Tami, Lucas.
Fiesta de despedida de los cinco el contrato pasado.

Olden, Noruega. Aires puros y mate.
De iz. a der: yo, Lucas, Lauri y Claudio

Esta foto en el Coliseo fue sacada por el amigo que nos presentó:
Claudio.


jueves, 28 de noviembre de 2013

Regreso al origen

Imaginación

A los 18 años tuve mi primera oportunidad de armar mis valijas e irme lejos y sola por primera vez. Por sola me refiero justamente a eso: dejé mi país, mis amigos, mi familia, mi idioma, mi cultura. Dejé hasta las clases de guitarra. Llegué a la nieve y al clima frío de Michigan, a un secundario de película donde cada cual tenía su auto, la vida social era la de los deportes, las porristas no eran como las mostraban en las historias y pude hacerme de nuevos amigos.

En aquellos meses de invierno, más de una vez la nieve nos encerró en casa y la sensación de mirar afuera era espantosa, acostumbrada al colorido invierno uruguayo, ver gris de norte a sur cada vez que asomaba la nariz a la ventana, eso era triste. De uno de esos días en casa es que sale mi historia. De pensar en qué se siente cuando alguien se separa de quien ama, de donde debe estar. ¿Qué sucede cuando se vuelve? Esa fue la pregunta que unió la trama.

Encontrar la respuesta a esa pregunta me ha llevado varios años, casi diez. Le he dado varios rodeos a la historia, la he llevado para atrás y para adelante, la he abandonado, odiado y luego ha retornado todo mi amor.

Preguntas correctas o respuestas incorrectas

Supongo que me llevó tanto tiempo porque en lugar de preguntarme ¿Qué sucede cuando se vuelve? Tendría que haberme preguntado ¿Por qué uno se va? Y para esa pregunta sí que no tengo respuesta, aún no, al menos, aunque me voy todo el tiempo.

Habrá tantas respuestas como personas, me gusta creer. Pero mi historia es la de dos personas en particulares, que se van y que deben volver.

Mi historia comenzó como un guión cinematográfico incluso antes de que supiera escribir un guión, por lo que tenía una estructura de teatro (que no sabía escribir pero sí leer por haber estado actuando los dos años anteriores), eran un montón de escenas con poca conexión donde contaba y explicaba todo lo que mis personajes hacían, al mejor estilo de:

MARISA
¿Qué vamos a hacer esta tarde?

BELÉN
¿Vamos a la playa?

MARISA
¡Sí, vamos!

Entonces, iban a la playa.

En aquellos primeros meses, cuando escribí la historia a mano y luego la pasé a la computadora, estaba tan enamorada de esos personajes como de lo que había dejado en Uruguay. Entonces, al entrar a facultad, mi primera intención era aprender a escribir guiones para corregir el formato (por cierto, elegí a la universidad a la que fui porque si bien quería hacer periodismo, era la única uni que me dejaba elegir otras materias... al final no hice tanto de periodismo como a mi madre le hubiera gustado).

Al entender el formato agarré la historia tal cual estaba y la pasé a Cournier New 12 y bla, bla, bla.


De mañas y manías

Había algo en esa trama que no me gustaba, que, en realidad, nunca me había gustado, era como una de esas mañas que tiene nuestro novio que tratamos de pasar por arriba pero no podemos.

Traté de cambiar esa maña de arriba para abajo y de un costado al otro, pero más allá de recibir pocos cariños por mi parte, recibí insultos por aquellos a quienes pedía ayuda. Supongo que es lo que pasa cuando una tiene una historia de drogadictos y pide ayuda a numerarios del opus dei. Pero por aquel momento le tenía demasiado respeto a esas personas, entonces me enfoqué en crear otras en lugar de reponer la que ya tenía.

Siempre se vuelve al origen, estoy segura. Al menos así es conmigo. Y cuando me di cuenta de que no estaba escribiendo, cuando quise retarme a dar el paso grande y escribir una novela, entonces no hubo otra opción más que volver al origen. Lo que incluye, solucionar esa maña.

Frente a la hoja en blanco: el miedo último

A esa decisión le siguieron siete meses de planear, re planear, eliminar escenas, enojarme y enamorarme de la maña. Luego llegó lo inevitable: sentarme a escribir. ¡Vaya si eso fue complicado! Nunca pensé que después de pasar toda la vida con ganas de escribir, cuando finalmente tenía una meta, eso fuera lo que más me costara. Tampoco pasé esos siete meses sentada frente a un escritorio ni en una oficina con vista al río, con la novela como único objetivo. Ojalá, pero no. Fueron seis meses de intenso trabajo, siete días a la semana, durante seis meses, ni un día libre, ni siquiera por enfermedad. Eran los ratos libres los que tenía para escribir, cuando me peleaba conmigo misma porque no decidía si quería dormir siesta o escribir. Hasta me anoté a un curso online para poder crear un hábito de escritura otra vez. Y funcionó, porque terminé de reescribir mi historia, y esta vez en formato novela, antes de que termine el curso. ¡Punto para mí! Incluso terminé la primera corrección antes que el curso.

Escribir es reescribir

Supongo, por un sentido perfeccionista que tengo y por una probable dislexia que también tengo, nunca voy a terminar de corregirla. Pero de momento tengo 250 páginas llenas de la historia de Marisa y Tomás, de sus encuentros y desencuentros. De los motivos por los que se fueron y las razones por las que volvieron. Me enamoro de mi historia cada vez que la leo, lo que también es un poco peligroso, supongo, pero si debo rescatar algo de mi profesor de guión en la universidad es que siempre me impulsaba a confiar en mi historia. Esta vez confío.

A la pregunta: editorial o auto publicación aún no la he podido responder. Tengo los ojos rojos tras leer y ver tutoriales en youtube que recomiendan una cosa o la otra. También tengo voces de personas "que saben" que dicen: "mandá a concursos". Cuando termine de corregir, me digo, e inmediatamente otra vez en mi cabeza dice: eso nunca va a pasar. Así que espero a que el momento correcto llegue; mientras, corrijo, releo, y vuelvo a conocer a esos personajes que se presentaron en mi cabeza por primera vez hace tantos años.

Esta foto es de 2008, cuando recibí mis primeras críticas
a mi forma de escribir y estructura: caótica.
A. Zumfelde solía ser un crítico duro, pero a veces, cuando veía
una luz de esperanza, escribía: "No se desanime el autor, 
creemos que si persiste logrará la victoria" y en aquellos años
debía repetírmelo a mí misma.


martes, 26 de noviembre de 2013

Cita




"Viajar es una escuela de humildad; nos lleva a tocar con la mano los límites de nuestra comprensión, la precariedad de los esquemas y los instrumentos con los que una persona o una cultura presumen comprender o juzgar a otra"
Claudio Magris. El infinito viajar.

viernes, 22 de noviembre de 2013

Viajar sola

Ayer encontré un post que escribí hace poco más de dos años, de la primera vez que fui a Bélgica (y se encuentra aquí). Al leerlo me acordé del momento como si hubiera ocurrido ayer. Estaba sentada en un bus con esta niña brasilera que había llegado a un lugar al que nunca había imaginado y estaba aprendiendo a hablar un idioma que consideraba obsoleto; trataba de cambiar todos sus planes futuros para que ese año de vida no fuera inútil ni quedara olvidado y luchaba contra sus costumbres al vivir con una familia que la consideraba inferior. "¿Vos comés sánguches de jamón y queso?", me preguntó con en entrecejo fruncido. Noté que al escuchar mi respuesta los músculos de su rostro se tranquilizaron: por supuesto que sí, le dije. "Porque no entienden que quiera poner jamón y queso, ellos sólo ponen uno de los dos". Traté de explicarle que era la magia de irse de intercambio. En el mío pasé tres meses viviendo en una casa con siete gatos, dos peces, un perro y un caballo (al menos el caballo no entraba a la casa), un zoológico con pelos de animal por todas partes.

Mujeres que viajan solas

En ese bus me preguntó por qué viajaba sola. Bueno, le dije, siempre quise viajar y en ese momento tenía el tiempo y el dinero mientras que mis amigos seguían en trabajo, universidad o no tenían interés en viajar como yo. No voy a dejar de viajar porque lo tenga que hacer sola, no voy a dejar de realizar un sueño porque nadie me apoye, esa era la base de mi pensamiento cuando compré mis pasajes a Amsterdam y luego todos los demás.

En Amberes, Bélgica
La verdad es que prefiero estar sola antes que mal acompañada. Y a lo largo de mi vida he sabido encontrarme muy mal acompañada como para estar segura que apoyo mi propia moción.

De autos vs. hermosos atardeceres


Suelo ir a ritmos diferentes, tampoco soy muy paciente y además, soy bastante brusca para juzgar a las personas o tengo química o no, situación que sucede en el primer encuentro. Más importante aún, me gusta estar sola. Me gustan cosas que se hacen en soledad (leer, escribir, mirar por la ventana de los trenes) y me gusta hacer esas cosas en abundancia. Cuando le dije a mi medio hermano que ver el atardecer en Andalucía por la ventana del tren fue uno de los mejores paisajes de mi euroviaje y que le recomendaba hacer un viaje así en tren, él se rió y mirando a la persona del costado dijo que seguro que renunciaba a la comodidad del auto por un atardecer. Pocas veces en la vida estuve más convencida de que había tomado la decisión correcta de viajar sola.

En Holanda. Los suecos-pantuflas y los molinos es lo que más
me gusta de este país tan moderno.
Londres: mind the (giant) gap (between me and the city of London)

A Londres llegué con 50 libras en el bolsillo. Costó llegar porque perdimos el vuelo y tuvimos que pagar por un barco (razón por la cual me quedé sin capital), y aunque mi compañero de viaje y yo teníamos toda la intención de caminar, conversar y vivir Londres, terminamos en el bar del edificio más alto de la city tomando vino blanco. Las cosas no siempre salen como uno planea. También recuerdo que nunca me sentí más fuera de lugar como en ese bar.


Tristeza

La niña brasilera me dijo que viajar sola le parece triste. Media hora después me contó que estaba planeando un euroviaje. Me pregunto qué habrá sido de ese euroviaje si sus nuevas amistades belgas no querían/podían ir con ella. ¿Habrá salido sola o habrá renunciado a ese sueño para no quedarse sola?

Considero que tristeza es aferrarse a personas que no nos hacen felices. Es renunciar a un sueño con tal de seguir en la burbuja que conocemos. Creo que sería muy triste haberme quedado en Uruguay con tiempo y dinero por el simple motivo de no tener con quién viajar.

Conocí a personas increíbles de todas partes del mundo, como aquella argentina con la que caminé por todo Roma, o la española, de Málaga, que llamaba "Cariño" a todo el mundo. También conocí a una francesa (en Bratislava) que consideraba que los hombres uruguayos eran los más hermosos del mundo, y así la lista sigue.



Conclusión

Viajar sola no sólo me acercó a mí misma, sino que me obligó a conectarme con mis ideas y sentimientos. No tenía escape, debía estar conmigo y cada vez que me peleaba, debía amigarme. Nunca me voy a arrepentir de salir sola, de alejarme de mi zona de confort, de conocer nuevas personas, de adentrarme en otras culturas. No. Y espero, de todo corazón, que esa niña brasilera haya aprendido a quererse más allá de toda cuestión y que haya realizado los viajes que soñaba, sola o acompañada.