lunes, 29 de septiembre de 2014

La primera

Dakar, Senegal.

Con Nafi, el día que la conocí.
Nafi es la primera esposa. Es una mujer hermosa, grande y majestuosa que, con su traje y turbante color verde, está sentada al final del bus, inspeccionando al guía. A él tener una superior mujer parece no hacerle gracia. El guía es un hombre muy tradicional quien no dejó pasar momento para contarnos cómo no le gustaba que las tradiciones estuvieran cambiando.

Según él nos explicó, las mujeres senegalesas, al casarse, van a vivir a la casa del marido, con la madre del marido y, teniendo en cuenta que lo común es tener muchos hijos, probablemente, también vivirían con los hermanos y las esposas de esos hermanos. Todas esas personas bajo el mismo techo sin tener en cuenta que la tradición musulmana les permite tener varias esposas. Así que estamos hablando de varias esposas de un mismo hombre viviendo con la suegra, con los cuñados y con todas las esposas de esos cuñados. A mí me suena a muchas mujeres juntas. A Nafi también.

“Pero ahora las mujeres no quieren vivir con la suegra”, dijo el guía con un tono de voz de descreimiento. ¡Y parece que tampoco quieren que el marido se vuelva a casar!

El bus, que estaba lleno de personas occidentales, no pudo comprender cuál era la pena del guía. Una de esas mujeres, que era de Estados Unidos, me dijo que ni loca se iba a vivir con su suegra. “La mujer me odia porque le quité a su bebé”.

Le pregunté a Nafi, entonces, si ella estaba casada. Me dijo que sí, y que tenía una hija. Le pregunté si su marido tenía más esposas. “Sólo una más”, me respondió, “Pero yo soy la primera”, y un dejo de orgullo se escuchó en su voz.

La segunda esposa vive en el piso de arriba, con sus dos hijas, y el marido se turna al momento de dormir: dos noches con cada una. Por suerte, me contó, las dos mujeres se llevan bien y las hijas son muy amigas.

“Tuve suerte”, me contó “mi marido es mi mejor amigo”. Y con mucho respecto a esa amistad, él le contó que se iba a volver a casar. Su voz se quebró al decirme que es un momento muy triste y que, generalmente, la familia de la nueva esposa le da regalos a la primera esposa. Pero ella le había pedido a su marido que si alguna vez quería volver a casarse, que le contara. Y él respetó ese pedido, así que al llegar el día Nafi estaba tan preparada como podía estarlo.


Me contó que claro que apoya la tradición de su país que es necesaria porque cuantos más hijos tiene un hombre, más manos de trabajo tendría para la granja. Pero ella, me dijo enseguida, no vivía en una granja.

Links

En los siguientes links pueden encontrarse las versiones digitales de los artículos que he escrito y han sido publicados en la revista Seisgrados.












domingo, 31 de agosto de 2014

Idiomas

Lisboa es una de las ciudades que más me gustan. Cálida, simple, colorida. Las personas locales no se andan con vueltas: nada de falsas sonrisas ni palabras llenas de flores. Completamente contrario al Costumer Service estadounidense, los lusitanos van y vienen como son: como todas las personas, tienen días buenos y días malos. Esa sinceridad me encanta.

Entonces viene este hombre, Suizo-Alemán (la peor combinación) y se pone a hablar conmigo como si me interesara su vida. Comienza a contarme de la vez que cruzó el canal del Panamá, de un hotel hermoso en San Francisco y, aún no sé cómo, llegó a Europa y a marcar un índice totalmente diferente al mío, de ciudades. "Acá está Roma", me dijo colocando la mano a la altura de su cabeza (era un señor bastante alto). Luego se agacha y a la altura del suelo vuelve a marcar con la mano "Acá, Barcelona". Primer problema. Todo bien con Roma, me encanta, ojalá pudiera volver cada año de mi vida, pero ¿A quién se le ocurre que las ruinas romanas pueden ser tanto mejores que una ciudad tan llena de vida, tan cosmopolita, como es Barcelona. Yo continué con mi sonrisa porque, después de todo, para eso me pagan, para sonreír. El hombre, que pareció no darse cuenta de ese Costumer Service, de esa falsa sonrisa que le dirigía y de que prefería estar en cualquier otro lugar menos escuchando sus comentarios poco interesantes, continuó: "Y más abajo del subsuelo está Lisboa. Qué ciudad apestosa, vieja".

Me mordí la lengua.

Y el señor continuó.

"Quise tomarme un taxi y le dije 'al barco', '¿qué es un barco?' me preguntaron"

La verdad es que intento ser mejor cada día en eso de morderme la lengua pero en esa ocasión, fracasé.

"Ah, así que usted habla portugués", le dije en tono casual.

"No", por supuesto que no. ¿y cómo espera que una persona que vive día tras día con su propio idioma aprenda el suyo o cualquier otro sólo para usted pueda calificar la ciudad mejor. "Luego traté en francés", insistió el hombre y consideré que ya era hora de irme.


lunes, 3 de marzo de 2014

Pistacho Photography




Hace dos años les entregaba las fotos de su casamiento a estas dos personas encantadoras, Cristian y Mónica. A él, al Toto, lo conozco desde siempre y tuve el placer de conocer a su novia con la noticia de que se casaban. No sólo fui una invitada al Gran día, sino que me concedieron el honor de guardar el recuerdo del día más importante en la vida de los dos.

Me gustaría compartir con ustedes mi nuevo emprendimiento, que ya no es sólo mío, sino que va con compañero: Pistacho Photography es nuestro estudio. Nos dedicamos a los retratos internacionales y a las Destination Weddings. ¿Por qué? Bueno, porque es la forma que encontré para estar en casa (en Uruguay) y en la casa de mi novio (Portugal) ¡más o menos a la misma vez!

Los invito a visitar nuestra página web: http://www.pistachophotography.com/
a seguirnos en twitter: @pistachophoto
o a ver nuestro trabajo en facebook: https://www.facebook.com/pistachophotography

¡Muchas, muchas gracias y esperemos que les guste!

Catalina (y Ricardo)

viernes, 24 de enero de 2014

Como el flautista

Como aquella historia del Flautista que se llevaba a todos los niños de Hamelin tras él con la música de su instrumento, este burbujista español conquistó a todos los niños que pasaron cerca de él con sus magníficas burbujas.

Era el final de un día cálido de otoño en Barcelona y nada podría haber vuelto el día más perfecto que esto.



sábado, 11 de enero de 2014

Canal del Panamá: al Este y al Oeste

La primera entrada del 2014 tenía que venir con toda la fuerza y ¿qué mejor que caminar entre los locks del canal del Panamá? Cruzar el lago Gatún, los locks del Colón, cruzar el país por tierra bordeando esas mismas aguas que llevan miles de barcos de una punta del mundo al otro. Es extraño y hasta divertido como para ir del Atlántico al Pacífico, de Colón a Miraflores, uno va de Oeste a Este, aunque el Atlántico quede al Este del Pacífico.


Diez mil personas trabajan en el Canal, pero es un número aún menor de seres autorizados a caminar por el canal. Tuve la gran fortuna de ser una de esas menos de 10 mil personas. Pude caminar justo al lado de las locomotoras, cruzar las compuertas mientras veía como el barco se nivelaba con el agua al otro lado de esa misma compuerta en la que yo estaba parada.





Crystal Serenity llegando a Pedro Miguel.


Gatún.

No dejé de admirar el proceso del canal en ningún momento del día. Ni el calor ni la humedad pudo conmigo, crucé Panamá siguiendo al barco para el que trabajo, observando cada vez como el nivel del agua subía y bajaba por gravedad para que este crucero inmenso pudiera atravesar de Atlántico a Pacífico.

Una experiencia tan increíble que, en lugar de dejarme sin palabras, me llenó de ellas.